El beso de una hormiga, te salvará la vida

El mundo en peligro (Them!, 1954), resulta que no era otra cosa más que una película romántica. Veamos el poder curativo de las hormigas, así como su labor de buenas samaritanas

Dicho así, la idea no suena muy seductora. Preferiría el beso de una buena y querida amiga, al de una maravillosa y exótica hormiga; más que nada por la compatibilidad entre especies. Sin embargo, dudo mucho que mis amigas se prestasen a semejantes menesteres si mi cuerpo estuviese plagado de hongos ansiosos por devorarme, tal y como veremos en las líneas que siguen. No sé si será cuestión de remilgos, o es que los humanos no somos buenos samaritanos. En fin, todo esto… ¿a qué viene? Pues a un estudio que se publica en la revista “Plos Biology” sobre cómo las hormigas se lamen las unas a las otras para curarse. Y el asunto, además de ser interesante, tiene su miga.

No sé por qué, pero siempre que leo algo referente a las hormigas de inmediato me viene a la cabeza una de las películas que más me impactó cuando tan solo era un crio. Se titulaba «La humanidad en peligro (Them, 1954)» Uno de esos clásicos de ciencia ficción de los años cincuenta, sencillamente delicioso. Una historia de lo más pulp en los albores del cine con bichos mutantes de por medio llenado la pantalla. Y es difícil tener la imagen de esas hormigas gigantes con muy mala leche destrozándolo todo a su paso, y luego leer algo tan enternecedor como la teoría que destaco en esta entrada de blog. Pero en fin, tan poco tiene que extrañar. Las hormigas responden a un modelo de sociedad perfectamente jerarquizado donde el objetivo final es el bien común y la supervivencia del nido. Todo lo contrario que los humanos, y su… ¡sálvese quien pueda! O…, quizás las adorables y entrañables hormiguitas de «La humanidad en peligro», lo único que buscaban era darnos un poco de paz y amor, hacernos un lifting y dejar nuestra piel más limpia y suave de lo que podríamos llegar a imaginar. A veces los caminos de bien, y del «señor», son inescrutables, y no todo el que se acerca a nosotros con mala cara es nuestro enemigo ni tiene intención de hacernos daño, pero claro, dado el caso a ver quién es el valiente que se queda a comprobarlo.

Lo interesante de este artículo, es que, una vez analizada la respuesta inmunitaria de las hormigas, los resultados sorprenden por la similitud de sus mecanismos moleculares con los vertebrados, es decir, nosotros. Y si pudiésemos curarnos de igual manera, esto sería una revolución. Ríase usted del amor libre hippie de los años 60. Igual ellos sabían algo de esto. La humanidad sumida en una enorme bacanal a perpetuidad. ¡Vaya locura!

Volviendo al estudio, ¿en qué se basa?

Según leemos en el artículo de referencia, del Servicio de Información y Noticias Científicas, las poblaciones de hormigas (Lasius neglectus), al igual que los humanos, también están expuestas al riesgo de sufrir epidemias. Y como ellas no tienen Seguridad Social, aplican un sistema de inmunización mucho más natural que el nuestro, y desde luego mucho más social.

Uno de los científicos implicados, Matthias Konrad, comenta: “vivir juntos en grupos sociales tiene muchos beneficios, pero también supone un riesgo porque aumenta la probabilidad de transmisión de enfermedades por las interacciones”. Pues vaya, o nos convertimos en anacoretas, o a interaccionar los unos con los otros, hasta donde nos dejen, claro.

Lo entrañable de esta investigación es el hecho observado respecto a cómo las hormigas sanas dedicaban parte de su tiempo a relamer a las compañeras que habían sido infectadas por un hongo patógeno (Metarhizium anisopliae). Un comportamiento social que reduce la infección, pues elimina las esporas de los hongos impidiendo que estos se propaguen. La pregunta es, ¿lo harán con cariño, o por el bien común? Es de suponer que será esto último, porque las hormigas encargadas de “lamer” a sus compañeras se enfrentan a un grave riesgo para ellas mismas.

El dato cómico de estos experimentos lo encontramos en que estos se llevaron a cabo con cuatro poblaciones de hormigas, dos de ellas de origen español. Y me hago cargo de todos los comentarios jocosos que podrían salir de aquí en una conversación de bar, mientras caña va, caña viene.

¿Podríamos sacar una buena historia pulp de todo esto?

Y de regalo el tráiler de esa película mítica que he citado unas cuantas líneas más arriba:

El Mundo en Peligro (1954)

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