La autopsia de Jane Doe

Regresa el terror clásico y lo hace por la puerta grande. La primera mitad de «La autopsia de Jane Doe» debería estudiarse en las escuelas de cine

Soberbia película de terror que, sin saber ni esperar nada de ella, me ha devuelto la ilusión y la confianza por un género en horas bajas. Es prácticamente imposible encontrar una película a día de hoy original, y que esté bien hecha, pues todo son remakes, secuelas y otras tonterías al uso, que flaco favor le hacen al séptimo arte y, en concreto, al género que nos ocupa, el terror puro y duro, el misterio, el miedo a lo desconocido y la necesidad de encontrar respuestas, aunque te vaya la vida en ello. Sin embargo, no todo pueden ser elogios, puesto que La autopsia de Jane Doe no es una película perfecta. Podría haberlo sido, pero no, no lo es, y esto se debe a su última media hora, donde todo ese buen hacer del que hace gala durante el planteamiento, se derrumba como un castillo de naipes cuando toca el último acto, el desenlace.

Tirando de recuerdos propios, no creo que haya muchas películas de terror que se desarrollen íntegramente en una funeraria o depósito de cadáveres, a pesar de que ello es un tópico de primer orden. Es común que se toque este tema de forma más o menos tangencial, como es el caso de Phantasma, o de La sombra de la noche (1997); pero de forma íntegra, tan solo se me ocurren títulos como uno, bastante mediocre, que vi hace algunos años de Tobe Hoper: Mortuary (2005), u otro poco o nada interesante para mi gusto, del afamado Liam Neeson: Mas allá de la muerte (Afterlife, 2009), o la entrañable Animas (Night Life, 1989), típica película ochentera. Seguro que hay muchos otros títulos, pero la verdad, no consigo recordarlos. Más bien, creo que este tópico sí que ha tenido una amplia difusión o mejor acomodo en las series televisivas tipo Historias de la Cripta, o en películas de relatos, como Bolsa de Cadáveres (1993). Sin embargo, hasta donde yo sé, nunca antes se supo, o mejor dicho, supe, de una película que se centrase en la autopsia de un cadáver de forma tan minuciosa y espeluznante, sin necesidad de recurrir al gore, tal y como lo hace esta propuesta del director André Øvredal, responsable de otros títulos tales como Troll Hunter (2010).

Si atendemos a la archiconocida clasificación de planteamiento, nudo y desenlace, en La autopsia de Jane Doe, tenemos una magistral concreción de las dos primeras partes, pero un desenlace que peca de artificioso y excesivamente convencional, y que no está a la altura de lo que el espectador quiere, necesita, espera, llegados a ese punto, digamos, crítico. La magia del cine no reside en los efectos especiales, sino en la forma de contar historias, de transmitir sensaciones, emociones, y esto es algo que aquí la película lo borda. Toda la trama se desarrolla en un sótano, con dos personajes a modo de investigadores, perfectamente representados en plan maestro y aprendiz, en torno a un tercer personaje misterioso, que toma su nombre de John / Jane Doe (seguro que lo habrás visto en miles de plantillas para currículos o tarjetas de visitas y que significa “desconocido”), y un cuarto personaje que no es tal, pero que que actua como si lo fuese, nos referimos a ese sótano, la sala de operaciones. No sé cuánto habrá costado producir la película, pero seguro que no mucho, y ésta es una de sus mejores bazas, la puesta en escena.

¿Y qué nos cuenta? ¿Cuál es la trama? Todo se tuerce un día inesperado, cuando a la funeraria familiar de un pueblecito cualquiera, llega el cadáver de una bellísima muchacha (la modelo irlandesa Olwen Catherine Kelly), cuya muerte es un misterio, y el sheriff encarga la autopsia pertinente, con el objeto de obtener respuestas. Padre e hijo (Emile Hirsch y Brian Cox interpretan a Austin y Tommy Tilden) se ponen manos a la obra, y con cada corte de bisturí van descubriendo los horribles secretos que esconde el cadáver. Una carrera contrareloj que por momentos recuerda el más puro estilo «whodunit» ¿quién lo hizo?, de las novelas policíacas. ¿Quién lo hizo y por qué? ¿A qué nos enfrentamos?, y la pregunta más importante, ¿cual es la causa de la muerte? Todas estas preguntas avanzan inexorablemente hace una suerte de hipótesis, conjeturas, todas ellas tan horribles como incompresibles, lo que conduce a la pareja protagonista a una espiral de horror, solo que, cuando se dan cuenta, ya es demasiado tarde.La autopsia de Jane Doe

Lo mejor: Si dividimos la obra en planteamiendo, nudo y desenlace, los dos primeros tramos son, sencillamente, magníficos, y lo mejor sin duda el ritmo pausado con el que se va indagando sobre el misterio.

Lo peor: El desenlace, que recurre a los tópicos convencionales y a los sustos fáciles, echando por tierra todo el buen trabajo anterior

Veredicto: Película imprescindible y que arroja un chorro de aire fresco a una industria plagada de títulos basura, remakes, secuelas y otras chorradas varias que denotan una falta de imaginación verdaderamente terrorífica. La autopsia de Jane Doe es una película distinta, muy bien planteada y de obligada referencia para todo amante del género. Tienes que verla, es una orden.

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