¿Se debería doblar el cine español?

La respuesta general sería «¡Pardiez, qué locura es ésta!» y, en ciertos casos, pues «depende». Por desgracia, ciertos actores necesitan un doblador de voz a la altura de las circunstancias, y además en España tenemos los mejores.

Sé que éste es un tema polémico y es probable que muchos aficionados al mundo del cine lo consideren poco menos que un sacrilegio, pero lo cierto es que no todos los actores tienen una dicción correcta, más allá de los acentos o tonos que le serían propios al personaje. Resulta muy desagradable escuchar un diálogo y no entender la mitad de las frases, o tener que preguntarle a tu compañero de butaca «¿qué ha dicho?». Seguro que este momento tan incómodo lo hemos experimentado en mas de una ocasión, especialmente en las películas españolas cuyas voces no han pasado por un estudio de grabación, tal y como suele ocurrir cuando se procede a doblar las mismas, como es el caso de películas extranjeras.

Todos sabemos que ver una película en versión original no solo es lo correcto, sino también el detalle que distingue a un verdadero amante del cine frente a un paria conformista que disfruta como ningún otro con las americanadas palomiteras. Pero ni todos somos gafapastas profesionales, ni todos tenemos un nivel de inglés acorde con las expectativas de nuestro sistema educativo, así que no nos queda otro «remedio» que el de intentar obviar el hecho de unas voces artificiales, así como la sincronización de éstas con el movimiento de los labios.

Porque sí, el doblaje no siempre es una ciencia perfecta, y a veces resulta un fiasco de proporciones gigantescas que trasciende incluso más allá de la propia película. ¿Quién no ha oído hablar alguna vez del doblaje de la película «El Resplandor»? Y eso que las voces para la versión española las escogió el propio director, Stanley Kubrick, suponemos que con la mejor de las intenciones. Aun así, el doblaje resultó nefasto. Por fortuna esto no suele ocurrir y la calidad de los doblajes en España es muy alta; un nivel que viene de muchos años atrás y, por desgracia, en contraste con la pésima dicción o entonación de muchos actores, tanto de series como de películas, que pululan por las pantallas de nuestros días. Trataré el tema sin nombres para no levantar suspicacias, pero es una realidad que ya he visto comentada en muchos foros y seguro que en este momento tu subconsciente acaba de aflorar algún que otro nombre sin demasiado esfuerzo, ¿verdad?

Que en España existe una tradición sobresaliente en cuanto al doblaje de películas es un hecho cultural que debemos analizar desde diferentes puntos de vista. Por un lado, el apreció a nuestra lengua, que probablemente sea una de las más bellas, útiles y completas que existan, algo que va en contra posición al escaso interés o la dificultad que tenemos por aprender lenguas extranjeras. En otros países, como por ejemplo Portugal, el cine no se dobla, se emite siempre en versión original; aquí, por suerte o por desgracia (que cada uno se posicione del lado que prefiera), en España esto no es así. Por otro lado, también habría que contemplar el escaso cariño que le tenemos a la producción de películas propias, siendo así el cine español, salvo excepciones, poco o nada competitivo. La mayoría de películas resultan monotemáticas, aburridas, y aunque en los últimos años poco a poco nos vamos desprendiendo de esa herencia «almodovariana», muy en contra de los principios CiFi, del género de terror, horror (fantaterror) y un largo etcétera de etiquetas que bien podríamos agrupar en torno al concepto simple y efectivo de PULP, lo cierto es que algunas cosas siguen «chirriando». Tampoco creo que ayude mucho la política de subvenciones, aunque ésta ya es otra historia.

Uno de los aspectos que hizo grande al cine extranjero —principalmente americano—, fue sin duda alguna la calidad de las voces de doblaje... ¡sublimes! Esos dobladores eran unos cracks en toda regla. Voces como las de Clint Eastwood, Charlton Heston, y muchos otros fueron los que hicieron grande el cine, y por desgracia, a excepción de algunos más conocidos, nadie a pie de calle sabría nombrar al actor español que estaba detrás de esas voces; voces que con tan solo escucharlas con los ojos cerrados ya te ponen los pelos como escarpias. Y poco me importa que no pueda disfrutar de estas películas en versión original, porque también las disfruto y mucho con tales voces. Ben-Hur; Los Diez Mandamientos; Invanhoe... ¡qué maravilla escuchar esas voces dobladas!

El doblaje de la voz es imprescindible cuando el actor tiene una dicción desastrosa, una mala entonación, o una voz fuera de lugar con el tipo de personaje que está interpretando. Esto es así, y por muy buen actor que sea, si no se le dobla la voz, sus escenas tendrán menos credibilidad que un chicle de madera. El tema de la voz no suele ser demasiado relevante en las series televisivas de corte cotidiano, pues reflejan la idiosincrasia de las personas normales y corrientes que viven el día a día, y eso está muy bien. Pero la cosa cambia cuando quieres hacer una película a lo grande y fuera de ese tipo de contextos; es decir, una epopeya, una historia épica, o un terror venido del más allá. Puede hacer gracia, pero no pega un alienígena con «acento», ni un superhéroe con voz de pito.

Hace unos días, y con muy poco espacio de tiempo entre ambas, vi dos películas españolas bien distintas. Por un lado, la terriblemente penosa «El Capitán Trueno», de la que no quisiera hacer demasiada sangre, pues el intento de trabajar este tipo de géneros, con héroes o superhéroes, por estas tierras ya es loable de por sí; y la otra «Mientras Duermes», de uno de mis actores preferidos Tosar. Sé que nada tiene que ver una película con la otra, pero las usaremos a modo de ejemplo para la cuestión que nos ocupa. Aquí tenemos las dos caras de la moneda. «El Capitán Trueno» es una película infumable, pero si cierras los ojos y te dejas guiar por las voces, el resultado es aún mucho, muchísimo peor. Por poner un ejemplo de grandes películas y grandes voces en aventuras medievales... ¿Por qué no le echáis un vistazo, o mejor dicho, escucháis la voz de Richard Bone en el Señor de la Guerra? ¡Ahí está la diferencia! Y ése es solo un ejemplo, tan solo uno de ellos. Muy útil y aconsejable la web El Doblaje para averiguar las identidades de los dobladores de voz en cualquier película que se os ocurra. En cuanto a «Mientras Duermes», la cual es una película que me ha gustado a pesar de parecerse demasiado a otra reciente y protagonizada por Hillary Swank «La víctima perfecta, 2011», tenemos el efecto que os comenté antes. Aquí las voces, te podrán gustar más o menos, pero son acordes a los personajes y la trama; no desentonan. ¿Pero..., y si el contexto fuese otro? ¿Esas voces pegarían en una película medieval, en una space opera?

Sí, la voz es muy importante. Entonces, ¿por qué no se le da el tratamiento adecuado?

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